Al terminar LA REVOLUCION FRANCESA sus habitantes se levantaron con el sabor del triunfo en la boca, aunque los recuerdos de la violencia estaban presentes en su memoria. Las palabras LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD se tornaron materia, e hicieron al pueblo soberano. Sin embargo, el costo de esta lucha fueron muchas cabezas (literal), no solo de la monarquía, sino de cualquier persona con un mínimo de oposición hacia la revolución.
La situación en Colombia es 'similarmente distinta'. Nos levantamos con sabor a fracaso, por la violencia, y la impotencia de no poder hacer nada al respecto. Además porque el pueblo no pide revolución armada, ya que con muchas batallas hemos aprendido que son más útiles las herramientas constitucionales, para luchar contra el STATU QUO.
Pero los grupos guerrilleros no actúan por y para el pueblo, solo lo usan para justificar sus acciones ante la comunidad internacional que ve en estos grupos de izquierda el legitimo derecho a la oposición de un régimen, sin saber que el pueblo es el que sufre las consecuencias de esta guerra.
Este conflicto vulnera los derechos fundamentales como la vida y la libertad de expresión. Quizá esta sea la única semejanza con la revolución francesa, la libertad de expresión se volvió sinónimo de perder la cabeza en Colombia.
En Francia convirtieron a la guillotina en 'la cuchilla nacional' haciendo de este acto violento un símbolo. En cambio, en nuestra mal llamada revolución, no hay modus operandi, solo se mata de cualquier manera, y la mayoría de victimas son el pueblo mismo, ese que la guerrilla pretende llevar hacia el camino de LIBERTAD, IGUALDAD, Y FRATERNIDAD.
Ivanna Zauzich Posada
viernes, 19 de octubre de 2007
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