El amor de pareja también se demarca dentro de la guerra. Porque la locura y la sensatez coexisten cuando se ama. Además, el estar enamorado te obliga a sacar todas las armas, a luchar cada día con ese sentimiento, en el que una persona extraña se convierte paulatinamente en amigo, familia y complemento.
Definitivamente el amor es una guerra con uno mismo, los sentimientos chocan y se descubren rasgos sobre la personalidad que se desconocen.
El amor y la guerra son opuestos en teoría, pero se asemejan en el sentimiento, la impotencia y, a veces, en las consecuencias.
Por ello es indispensable no basar el amor en una tiranía, sino aplicar una estrategia para que gobierne una perfecta democracia...
jueves, 2 de diciembre de 2010
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