Advierto que no es una investigación periodística y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
El 1 de junio, en las selvas colombianas, en un laboratorio clandestino de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cinco hombres preparan una tonelada de cocaína. El alcaloide es empacado por tres hombres más, quienes, junto a los otros cinco, reciben un pago de USD 500 cada uno, para que envíen dinero a sus familias por el trabajo realizado.
Los encargados de negociar la droga, que en ese momento tiene un valor de USD 50 000, se reúnen con cinco narcos en diferentes zonas del país.
Como una tonelada son 1 000 kilogramos (kg) venden a cada narco 200 kg en USD 40 000. Y una vez cobran el dinero se van al campamento con
USD 200 000 (una ganancia de más del 200%), que le sirve al grupo armado ilegal para adquirir municiones.
Como sería difícil describir a cada narco, vamos a centrarnos en uno. El paisa (Medellín) tiene cuatro amigas bonitas que conoció en una discoteca. Sabe que todas tienen visa para entrar a EE.UU., y les gusta ir de compras. Les ofrece USD 5 000 a cada una por llevar 500 gramos del estupefaciente en la maletas, los zapatos, el estomago…cualquier parte. Después de mucho pensarlo, tres de ellas aceptan, para cambiar el modelo de su carro.
Todos pensarán, ¿gastará USD 30 000 en el envío, casi el valor total de la droga? Lo que pasa es que esa droga puesta en EE.UU. cuesta USD 400 000.
Las tres niñas guapas emprenden su viaje hacia EE.UU. El trío inseparable viaja separado por recomendación de su ‘amigo’; pasan los controles del aeropuerto de Colombia y cantan victoria. Sin embargo, el ‘traqueto’ hace una llamada a ese país, para ‘soplar’ a las autoridades sobre una de las niñas, quien ya estaba advertida que no podía denunciar a nadie, porque su familia, en Colombia, corría peligro.
En ese alboroto de la captura de la niña, pasan las otras dos y 15 mulas más, que el mismo ‘traqueto’ contrató. Un socio de este narco recibe la droga en ese país y la entrega a quien ya compró el cargamento desde Colombia. Lo único que hizo fue entregar USD 400 000. De ese dinero se deduce los tiquetes aereos de las ‘mulas’, el pago a las mismas, pagos a policías en el aeropuerto de Colombia y el traficante de Medellín termina con USD 355 000.
lunes, 11 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
Del entusiasmo al estado de indefensión...
Hace unos meses encontré la palabra qué más me gusta: entusiasmo, porque viene del ‘latinazo’ EN TEO, es decir en Dios. Ya que estaba en esa búsqueda, me concentré en la palabra que menos me gusta. No la encontré.
Sin embargo, hallé el término que más me molesta: ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’.
Ese término aparece en los informes de derechos humanos o en la prensa, cuando algún pueblo en Colombia, o el mundo, es atacado por un grupo armado ilegal, mientras los integrantes del Ejército se hacen los locos y le suben el volumen a la música, para no escuchar los gritos de las personas torturadas y el llanto de las mujeres y los niños.
Sin embargo, los crímenes de lesa humanidad no son los únicos en los que se incluye el ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, sino cuando alguien fuerte abusa de alguien débil, en toda la extensión de la palabra.
Alguna vez me sentí en ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, ante una llamada.
El dialogo, casi monologo, transcurrió así:
-Cómo me le va, mamasita. Entonces ¿va a dejar de joder con sus pendejadas de jugar a la 'investigadora'?
-¿Quién habla?
-No se haga la estupida, que se queda así.
-………………
-Vea mamasita yo solo la llamé para advertirle lo que ya debió haber aprendido. Lástima usted tan bonita como va a terminar de feo.
Colgué e inmediatamente pensé, por Dios, si un hampón de este calibre puede incluir antónimos en una misma frase, estoy jodida…tengo un pie en el más allá.
Aclaro que eso fue un susto el verraco, pero no fue ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’. Ese vino unas horas después, cuando quise poner la denuncia en la Fiscalía y me dieron a entender que la única prueba para recibir protección era mi cadáver. Eso es estar indefenso, en un estado que premia al paramilitar por ‘reinsertarse’ y castiga al refugiado por huir, por proteger su vida.
Por eso, no me gusta ese término referente a la indefensión. Me parece que ,sin remedio, justifica la muerte de alguien, quien luego recibe un emotivo homenaje. Prefiero estar viva, 'coleando' y con entusiasmo.
Sin embargo, hallé el término que más me molesta: ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’.
Ese término aparece en los informes de derechos humanos o en la prensa, cuando algún pueblo en Colombia, o el mundo, es atacado por un grupo armado ilegal, mientras los integrantes del Ejército se hacen los locos y le suben el volumen a la música, para no escuchar los gritos de las personas torturadas y el llanto de las mujeres y los niños.
Sin embargo, los crímenes de lesa humanidad no son los únicos en los que se incluye el ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, sino cuando alguien fuerte abusa de alguien débil, en toda la extensión de la palabra.
Alguna vez me sentí en ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, ante una llamada.
El dialogo, casi monologo, transcurrió así:
-Cómo me le va, mamasita. Entonces ¿va a dejar de joder con sus pendejadas de jugar a la 'investigadora'?
-¿Quién habla?
-No se haga la estupida, que se queda así.
-………………
-Vea mamasita yo solo la llamé para advertirle lo que ya debió haber aprendido. Lástima usted tan bonita como va a terminar de feo.
Colgué e inmediatamente pensé, por Dios, si un hampón de este calibre puede incluir antónimos en una misma frase, estoy jodida…tengo un pie en el más allá.
Aclaro que eso fue un susto el verraco, pero no fue ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’. Ese vino unas horas después, cuando quise poner la denuncia en la Fiscalía y me dieron a entender que la única prueba para recibir protección era mi cadáver. Eso es estar indefenso, en un estado que premia al paramilitar por ‘reinsertarse’ y castiga al refugiado por huir, por proteger su vida.
Por eso, no me gusta ese término referente a la indefensión. Me parece que ,sin remedio, justifica la muerte de alguien, quien luego recibe un emotivo homenaje. Prefiero estar viva, 'coleando' y con entusiasmo.
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