miércoles, 30 de mayo de 2012
Pablo Escobar no es un superhéroe
Pablo Escobar marcó una generación -nacidos entre 1975 y 1985 en Colombia- con sangre. Mi oído, como el de un superhéroe creado por Stan Lee (Spiderman, Hulk, Ironman...) reconoce diferentes tipos de explosiones (petardo, bomba, dinamita).
Aunque me encante el cine, me da miedo visitar las salas por las bombas que estallaron en los centros comerciales en mi infancia y ni hablar del susto que me genera un carro parqueado cerca a mi casa, por eso de los 'carrosbomba'.
Nadie entiende cómo fue la vida en Medellín. Por más amor familiar que se haya tenido, eso de vivir con miedo es muy 'berraco'. Los sicarios, y hasta el propio Escobar, se 'pavoneaban' como "Pedro por su casa", porque la capital antioqueña les pertenecía. Tanto que los funcionarios públicos, policías y civiles estaban a su servicio.
Sin mencionar una generación de prepagos que surgió de esos años. Las mujeres identificaron en la silicona un 'modus vivendi' y cientos de ellas desfilaron por las haciendas de Escobar, quien complacía a sus hombres con esos 'bomboncitos', como relató unos de sus guardaespaldas (Popeye) en un libró.
Vivo en Ecuador desde el 2005. Desde hace una semana, la pregunta obligada de quienes me conocen es si veré la nueva producción televisiva 'Pablo Escobar. El Patrón del mal'. Según comentarios es una serie bien trabajada y planteada desde una perspectiva histórica, como un documental. Es imposible negar que me duele ver estas series. Tanto narco elevado a superhéroe como si se tratara de una creación de Stan Lee.
Escobar construyó un barrio para una población humilde en Medellín, regaló carros y fajos de billetes. Sin embargo, eso no es ser heroico, sino generoso. El heroísmo está más relacionado a hacer el bien y construir una sociedad, no destruirla.
Prefiero quedarme con películas de superhéroes (aunque odio rendir pleitecía a los gringos) que ver la historia mejor contada sobre Pablo Escobar.
martes, 7 de febrero de 2012
Sexo, drogas y menores de edad...
Cuando se piensa en una niña de 11 años se tiene la imagen de una ‘impuber’ que escucha música de Hannah Montana, ve series de Disney con las estrellas del momento, estudia y conversa con sus amigas. También está confundida porque le gusta algún chico de la escuela o barrio. Sin embargo, tiene dudas, porque sus papás le dicen que está muy joven para tener romances.
Una realidad diferente viven los niños en el entorno de la venta de drogas.
El año pasado visité una correccional de jóvenes, entre 10 y 16 años, en Quito. Todas estaban allí por robo, venta de drogas y tenencia ilegal de armas. Clara es la que más recuerdo. Tenía 11 años y manos de niña. Sus uñas estaban pintadas de rojo y hablaba sobre sexo con propiedad. Lo que más extrañaba de su estadía allí era no poder pasar las noches de pasión con Wilmer, su pareja (de 26 años).
Clara relató que su padrastro abusó constantemente de ella desde que tenía seis. Un día terminó gustándole el sexo y desde ahí se acostaba con todos los del barrio. El esposo de su madre tenía celos y empezó a golpearla. Por eso se fue con Wilmer a vivir en un cuarto al sur de Quito.
Lo que vino luego para Clara, por recomendación del novio, fue vender drogas para sostener su independencia. A los seis meses cayó en un operativo que realizó la Policía. Wilmer huyó y no ha sabido de él.
Como el caso de Clara hay muchos. Niños deambulan en las noches y trabajan vendiendo drogas.
Es injusto es que en una ciudad se conozca que determinado sector es de libre venta de estupefacientes y nadie haga algo para evitarlo. Que exista un 'jhonny black' o un 'Miguel Pata de Palo' (nombres ficticios) que ajustician, sin piedad, a los menores. Que los padres prefieran el orgullo de tener un hijo en condiciones precarias a entregarlo a un hogar, donde recibirá cariño y respeto.
Una realidad diferente viven los niños en el entorno de la venta de drogas.
El año pasado visité una correccional de jóvenes, entre 10 y 16 años, en Quito. Todas estaban allí por robo, venta de drogas y tenencia ilegal de armas. Clara es la que más recuerdo. Tenía 11 años y manos de niña. Sus uñas estaban pintadas de rojo y hablaba sobre sexo con propiedad. Lo que más extrañaba de su estadía allí era no poder pasar las noches de pasión con Wilmer, su pareja (de 26 años).
Clara relató que su padrastro abusó constantemente de ella desde que tenía seis. Un día terminó gustándole el sexo y desde ahí se acostaba con todos los del barrio. El esposo de su madre tenía celos y empezó a golpearla. Por eso se fue con Wilmer a vivir en un cuarto al sur de Quito.
Lo que vino luego para Clara, por recomendación del novio, fue vender drogas para sostener su independencia. A los seis meses cayó en un operativo que realizó la Policía. Wilmer huyó y no ha sabido de él.
Como el caso de Clara hay muchos. Niños deambulan en las noches y trabajan vendiendo drogas.
Es injusto es que en una ciudad se conozca que determinado sector es de libre venta de estupefacientes y nadie haga algo para evitarlo. Que exista un 'jhonny black' o un 'Miguel Pata de Palo' (nombres ficticios) que ajustician, sin piedad, a los menores. Que los padres prefieran el orgullo de tener un hijo en condiciones precarias a entregarlo a un hogar, donde recibirá cariño y respeto.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Un regalo de navidad
Querido Santa: mi deseo por esta navidad es que los políticos que hayan sido cómplices de asesinatos testifiquen y paguen con cárcel sus delitos. Solo así la celebración por la declaración de DD.HH. será algo serio y no un chiste. Para aquellos que se toman un trago, mientras recuerdan, con una sonrisa en el rostro, que llegaron al poder gracias a las amenazas.
Creo que los efectos colaterales serán positivos, cuando los refugiados pierdan el miedo y regresen a un país de paz, del que nunca debieron salir.
Santa, por favor no esperes a que estos gobernantes envejezcan y el público sienta pena de enviarlos a prisión por su edad.
No pienses que dudo del poder de Dios, sé que él castiga este tipo de eventos. Sin embargo, quiero recobrar la fe en la justicia, esa que recibió tanto dinero de los narcotraficantes y paramilitares, que la transformaron en un sistema turbio.
Es un hecho que si el pez más gordo- aunque su aspecto sea delgado-, confesara, esa infraestructura de maldad que ha prevalecido por más de 30 años sufrirá un golpe irreparable.
Creo que los efectos colaterales serán positivos, cuando los refugiados pierdan el miedo y regresen a un país de paz, del que nunca debieron salir.
Santa, por favor no esperes a que estos gobernantes envejezcan y el público sienta pena de enviarlos a prisión por su edad.
No pienses que dudo del poder de Dios, sé que él castiga este tipo de eventos. Sin embargo, quiero recobrar la fe en la justicia, esa que recibió tanto dinero de los narcotraficantes y paramilitares, que la transformaron en un sistema turbio.
Es un hecho que si el pez más gordo- aunque su aspecto sea delgado-, confesara, esa infraestructura de maldad que ha prevalecido por más de 30 años sufrirá un golpe irreparable.
Latinoamérica no tiene nada que celebrar en materia de DD.HH.
La conquista de los derechos humanos, indiscutiblemente, es un logro de la sociedad moderna. Sin embargo, la lucha por garantizarlos se da después de los abusos. Por ejemplo, tras la explotación, tortura y muerte de miles de judíos, en 1949 un grupo de humanos sensibles se conmovió y redactó un texto para minimizar los efectos de la guerra sobre los civiles. Me niego a mencionar cual es, porque hoy carece de vigencia.
En Colombia, entre 1996 y el 2005, los paramilitares ingresaron a 11 pueblos y degollaron, cercenaron y multilaron –términos que encajan en una película de Quentin Tarantino- a más de 2 000 campesinos. Los cadáveres reposan en fosas comunes en las haciendas de ese ejército de ultraderecha, quienes aún gozan de riquezas y respeto, derivado del miedo, en zonas rurales del país.
El Ejercito Nacional de Colombia y la Policía, quienes están ‘programados’ para proteger al ciudadano colombiano, esperaban a que pasara la matanza, para 'trepar' los muertos, en camiones, y enterrarlos en donde nadie los encuentre.
Qué derechos humanos existen en una sociedad, donde la seguridad-representada por la Policía y el Ejercito Nacional- es un cómplice de la maldad. O cuando un ex presidente, quien tiene ´presuntos´ nexos con los paramilitares –me refiero a Álvaro Uribe Velez-, sigue haciendo política y es aplaudido en cada pueblo colombiano o nación extranjera que visita.
Colombia no es el único caso. León Febres Cordero, quién fue presidente de Ecuador entre 1984 y 1988, asesinó a decenas de personas en ese país, porque evidenció que el grupo armado Alfaro Vive Carajo (AVC) era una potencial guerrilla, tal como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Con la motivación de frenar a los insurgentes creó una ‘policía secreta’ para desaparecer cualquier amenaza. Con tan mala suerte, que dos jóvenes, hermanos, colombianos -Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo, de 14 y 17 años respectivamente-, fueron desaparecidos, sin tener ningún nexo con AVC. El único error de los hermanos Restrepo era su acento colombiano.
Hasta hoy, los cuerpos de los jóvenes Restrepo no aparecen, y los policías que estuvieron involucrados en ese caso se acusan entre ellos, sin ningún resultado concreto.
Faltaría mencionar los casos en la dictadura chilena, argentina, las actuales masacres en México, etc. Todo esto me hace pensar que los derechos humanos son un ‘flash’ que surge con la mejor intención, pero sin ningún propósito. Esto, porque en teoría es una norma supranacional, pero no puede defenderse ante un mandatario déspota, un tirano, un régimen absoluto, una democracia débil, el narcotráfico…
La celebración del aniversario que sea (63 en este caso) de la DD.HH. no vale la pena, mientras las personas que piensan diferente sean acusadas, violentadas, demandadas, torturadas, asesinadas...
En Colombia, entre 1996 y el 2005, los paramilitares ingresaron a 11 pueblos y degollaron, cercenaron y multilaron –términos que encajan en una película de Quentin Tarantino- a más de 2 000 campesinos. Los cadáveres reposan en fosas comunes en las haciendas de ese ejército de ultraderecha, quienes aún gozan de riquezas y respeto, derivado del miedo, en zonas rurales del país.
El Ejercito Nacional de Colombia y la Policía, quienes están ‘programados’ para proteger al ciudadano colombiano, esperaban a que pasara la matanza, para 'trepar' los muertos, en camiones, y enterrarlos en donde nadie los encuentre.
Qué derechos humanos existen en una sociedad, donde la seguridad-representada por la Policía y el Ejercito Nacional- es un cómplice de la maldad. O cuando un ex presidente, quien tiene ´presuntos´ nexos con los paramilitares –me refiero a Álvaro Uribe Velez-, sigue haciendo política y es aplaudido en cada pueblo colombiano o nación extranjera que visita.
Colombia no es el único caso. León Febres Cordero, quién fue presidente de Ecuador entre 1984 y 1988, asesinó a decenas de personas en ese país, porque evidenció que el grupo armado Alfaro Vive Carajo (AVC) era una potencial guerrilla, tal como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Con la motivación de frenar a los insurgentes creó una ‘policía secreta’ para desaparecer cualquier amenaza. Con tan mala suerte, que dos jóvenes, hermanos, colombianos -Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo, de 14 y 17 años respectivamente-, fueron desaparecidos, sin tener ningún nexo con AVC. El único error de los hermanos Restrepo era su acento colombiano.
Hasta hoy, los cuerpos de los jóvenes Restrepo no aparecen, y los policías que estuvieron involucrados en ese caso se acusan entre ellos, sin ningún resultado concreto.
Faltaría mencionar los casos en la dictadura chilena, argentina, las actuales masacres en México, etc. Todo esto me hace pensar que los derechos humanos son un ‘flash’ que surge con la mejor intención, pero sin ningún propósito. Esto, porque en teoría es una norma supranacional, pero no puede defenderse ante un mandatario déspota, un tirano, un régimen absoluto, una democracia débil, el narcotráfico…
La celebración del aniversario que sea (63 en este caso) de la DD.HH. no vale la pena, mientras las personas que piensan diferente sean acusadas, violentadas, demandadas, torturadas, asesinadas...
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Ser refugiado no es un crimen
Ser neutral, no significa ser un robot. Hace unos días escribí sobre la situación de los refugiados en Ecuador y recibí, por parte de colegas, críticas. Unas constructivas, otras negativas y desmotivantes. El argumento era que me polaricé hacia esa comunidad.
Yo no lo veo así, solo conté el vía crucis que vive una persona que huyó por la violencia de su país, en muchos casos perdió su familia, y quiere una segunda oportunidad. No obstante, esa búsqueda se dificulta por la intolerancia de una sociedad, que debido a una minoría de delincuentes juzga al resto de personas con esa nacionalidad, con ese estatus.
Ser refugiado no significa que esa persona, per se, sea mal padre y tenga que renunciar a la custodia de su hijo. Tampoco que al abrir una cuenta en un banco va a lavar activos, menos que sus negocios estarán ligados al narcotráfico. Habrá casos de gente mala, como existen ecuatorianos, españoles, nigerianos, gringos…pero esta comunidad merece una mayor inclusión para tener una segunda oportunidad.
Por si acaso les dejo los artículos de la discordia, que inspiraron este post…
http://www.elcomercio.com/reportajes/refugiado-excluido-campo-laboral_0_551944890.html
http://www.elcomercio.com/negocios/apertura-cuenta-compleja-desplazados_0_552544829.html
A propósito, los comentarios de los lectores (primer link) reflejan esa intolerancia a la que me refiero.
Yo no lo veo así, solo conté el vía crucis que vive una persona que huyó por la violencia de su país, en muchos casos perdió su familia, y quiere una segunda oportunidad. No obstante, esa búsqueda se dificulta por la intolerancia de una sociedad, que debido a una minoría de delincuentes juzga al resto de personas con esa nacionalidad, con ese estatus.
Ser refugiado no significa que esa persona, per se, sea mal padre y tenga que renunciar a la custodia de su hijo. Tampoco que al abrir una cuenta en un banco va a lavar activos, menos que sus negocios estarán ligados al narcotráfico. Habrá casos de gente mala, como existen ecuatorianos, españoles, nigerianos, gringos…pero esta comunidad merece una mayor inclusión para tener una segunda oportunidad.
Por si acaso les dejo los artículos de la discordia, que inspiraron este post…
http://www.elcomercio.com/reportajes/refugiado-excluido-campo-laboral_0_551944890.html
http://www.elcomercio.com/negocios/apertura-cuenta-compleja-desplazados_0_552544829.html
A propósito, los comentarios de los lectores (primer link) reflejan esa intolerancia a la que me refiero.
lunes, 11 de julio de 2011
La hoja de ruta del narcotráfico
Advierto que no es una investigación periodística y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
El 1 de junio, en las selvas colombianas, en un laboratorio clandestino de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cinco hombres preparan una tonelada de cocaína. El alcaloide es empacado por tres hombres más, quienes, junto a los otros cinco, reciben un pago de USD 500 cada uno, para que envíen dinero a sus familias por el trabajo realizado.
Los encargados de negociar la droga, que en ese momento tiene un valor de USD 50 000, se reúnen con cinco narcos en diferentes zonas del país.
Como una tonelada son 1 000 kilogramos (kg) venden a cada narco 200 kg en USD 40 000. Y una vez cobran el dinero se van al campamento con
USD 200 000 (una ganancia de más del 200%), que le sirve al grupo armado ilegal para adquirir municiones.
Como sería difícil describir a cada narco, vamos a centrarnos en uno. El paisa (Medellín) tiene cuatro amigas bonitas que conoció en una discoteca. Sabe que todas tienen visa para entrar a EE.UU., y les gusta ir de compras. Les ofrece USD 5 000 a cada una por llevar 500 gramos del estupefaciente en la maletas, los zapatos, el estomago…cualquier parte. Después de mucho pensarlo, tres de ellas aceptan, para cambiar el modelo de su carro.
Todos pensarán, ¿gastará USD 30 000 en el envío, casi el valor total de la droga? Lo que pasa es que esa droga puesta en EE.UU. cuesta USD 400 000.
Las tres niñas guapas emprenden su viaje hacia EE.UU. El trío inseparable viaja separado por recomendación de su ‘amigo’; pasan los controles del aeropuerto de Colombia y cantan victoria. Sin embargo, el ‘traqueto’ hace una llamada a ese país, para ‘soplar’ a las autoridades sobre una de las niñas, quien ya estaba advertida que no podía denunciar a nadie, porque su familia, en Colombia, corría peligro.
En ese alboroto de la captura de la niña, pasan las otras dos y 15 mulas más, que el mismo ‘traqueto’ contrató. Un socio de este narco recibe la droga en ese país y la entrega a quien ya compró el cargamento desde Colombia. Lo único que hizo fue entregar USD 400 000. De ese dinero se deduce los tiquetes aereos de las ‘mulas’, el pago a las mismas, pagos a policías en el aeropuerto de Colombia y el traficante de Medellín termina con USD 355 000.
El 1 de junio, en las selvas colombianas, en un laboratorio clandestino de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cinco hombres preparan una tonelada de cocaína. El alcaloide es empacado por tres hombres más, quienes, junto a los otros cinco, reciben un pago de USD 500 cada uno, para que envíen dinero a sus familias por el trabajo realizado.
Los encargados de negociar la droga, que en ese momento tiene un valor de USD 50 000, se reúnen con cinco narcos en diferentes zonas del país.
Como una tonelada son 1 000 kilogramos (kg) venden a cada narco 200 kg en USD 40 000. Y una vez cobran el dinero se van al campamento con
USD 200 000 (una ganancia de más del 200%), que le sirve al grupo armado ilegal para adquirir municiones.
Como sería difícil describir a cada narco, vamos a centrarnos en uno. El paisa (Medellín) tiene cuatro amigas bonitas que conoció en una discoteca. Sabe que todas tienen visa para entrar a EE.UU., y les gusta ir de compras. Les ofrece USD 5 000 a cada una por llevar 500 gramos del estupefaciente en la maletas, los zapatos, el estomago…cualquier parte. Después de mucho pensarlo, tres de ellas aceptan, para cambiar el modelo de su carro.
Todos pensarán, ¿gastará USD 30 000 en el envío, casi el valor total de la droga? Lo que pasa es que esa droga puesta en EE.UU. cuesta USD 400 000.
Las tres niñas guapas emprenden su viaje hacia EE.UU. El trío inseparable viaja separado por recomendación de su ‘amigo’; pasan los controles del aeropuerto de Colombia y cantan victoria. Sin embargo, el ‘traqueto’ hace una llamada a ese país, para ‘soplar’ a las autoridades sobre una de las niñas, quien ya estaba advertida que no podía denunciar a nadie, porque su familia, en Colombia, corría peligro.
En ese alboroto de la captura de la niña, pasan las otras dos y 15 mulas más, que el mismo ‘traqueto’ contrató. Un socio de este narco recibe la droga en ese país y la entrega a quien ya compró el cargamento desde Colombia. Lo único que hizo fue entregar USD 400 000. De ese dinero se deduce los tiquetes aereos de las ‘mulas’, el pago a las mismas, pagos a policías en el aeropuerto de Colombia y el traficante de Medellín termina con USD 355 000.
viernes, 8 de julio de 2011
Del entusiasmo al estado de indefensión...
Hace unos meses encontré la palabra qué más me gusta: entusiasmo, porque viene del ‘latinazo’ EN TEO, es decir en Dios. Ya que estaba en esa búsqueda, me concentré en la palabra que menos me gusta. No la encontré.
Sin embargo, hallé el término que más me molesta: ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’.
Ese término aparece en los informes de derechos humanos o en la prensa, cuando algún pueblo en Colombia, o el mundo, es atacado por un grupo armado ilegal, mientras los integrantes del Ejército se hacen los locos y le suben el volumen a la música, para no escuchar los gritos de las personas torturadas y el llanto de las mujeres y los niños.
Sin embargo, los crímenes de lesa humanidad no son los únicos en los que se incluye el ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, sino cuando alguien fuerte abusa de alguien débil, en toda la extensión de la palabra.
Alguna vez me sentí en ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, ante una llamada.
El dialogo, casi monologo, transcurrió así:
-Cómo me le va, mamasita. Entonces ¿va a dejar de joder con sus pendejadas de jugar a la 'investigadora'?
-¿Quién habla?
-No se haga la estupida, que se queda así.
-………………
-Vea mamasita yo solo la llamé para advertirle lo que ya debió haber aprendido. Lástima usted tan bonita como va a terminar de feo.
Colgué e inmediatamente pensé, por Dios, si un hampón de este calibre puede incluir antónimos en una misma frase, estoy jodida…tengo un pie en el más allá.
Aclaro que eso fue un susto el verraco, pero no fue ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’. Ese vino unas horas después, cuando quise poner la denuncia en la Fiscalía y me dieron a entender que la única prueba para recibir protección era mi cadáver. Eso es estar indefenso, en un estado que premia al paramilitar por ‘reinsertarse’ y castiga al refugiado por huir, por proteger su vida.
Por eso, no me gusta ese término referente a la indefensión. Me parece que ,sin remedio, justifica la muerte de alguien, quien luego recibe un emotivo homenaje. Prefiero estar viva, 'coleando' y con entusiasmo.
Sin embargo, hallé el término que más me molesta: ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’.
Ese término aparece en los informes de derechos humanos o en la prensa, cuando algún pueblo en Colombia, o el mundo, es atacado por un grupo armado ilegal, mientras los integrantes del Ejército se hacen los locos y le suben el volumen a la música, para no escuchar los gritos de las personas torturadas y el llanto de las mujeres y los niños.
Sin embargo, los crímenes de lesa humanidad no son los únicos en los que se incluye el ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, sino cuando alguien fuerte abusa de alguien débil, en toda la extensión de la palabra.
Alguna vez me sentí en ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’, ante una llamada.
El dialogo, casi monologo, transcurrió así:
-Cómo me le va, mamasita. Entonces ¿va a dejar de joder con sus pendejadas de jugar a la 'investigadora'?
-¿Quién habla?
-No se haga la estupida, que se queda así.
-………………
-Vea mamasita yo solo la llamé para advertirle lo que ya debió haber aprendido. Lástima usted tan bonita como va a terminar de feo.
Colgué e inmediatamente pensé, por Dios, si un hampón de este calibre puede incluir antónimos en una misma frase, estoy jodida…tengo un pie en el más allá.
Aclaro que eso fue un susto el verraco, pero no fue ‘ESTADO DE INDEFENSIÓN’. Ese vino unas horas después, cuando quise poner la denuncia en la Fiscalía y me dieron a entender que la única prueba para recibir protección era mi cadáver. Eso es estar indefenso, en un estado que premia al paramilitar por ‘reinsertarse’ y castiga al refugiado por huir, por proteger su vida.
Por eso, no me gusta ese término referente a la indefensión. Me parece que ,sin remedio, justifica la muerte de alguien, quien luego recibe un emotivo homenaje. Prefiero estar viva, 'coleando' y con entusiasmo.
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