lunes, 28 de marzo de 2011

Testimonio de una prepago. La historia # 5 (de los más de 53 000 refugiados colombianos en Ecuador).

Todos saben que las prepago son mujeres que se acuestan por plata. Lo que ignoran es que son un indicador fiable cuando se coronó alguna ‘vueltica’. Porque si los “empresarios de estupefacientes” envían un cargamento con éxito, lo primero que contratan es una pasarela de prepagos para satisfacer sus necesidades básicas. Luego compran alcohol y comida. Irónicamente, los más ‘duros’ no consumen droga. Quizá, porque saben, más que nadie, los químicos que llevan esas sustancias.

No voy a tomarme la molestia de dar un nombre falso, porque ya me llamé de muchas formas en Medellín. Soy Alejandra, tengo 23 años y fui prepago por seis (es decir, desde los 16).
En mi país ser prepago es un estilo de vida, que incluye ponerse silicona aquí y allá, para que los clientes paguen por uno. Detrás del negocio está algún representante que conoce a quienes están dispuestos a desembolsar USD 300 la hora, o USD 3 000 el fin de semana. Asimismo, conocen a las niñas que tengan un precio similar por tener sexo. Los representantes también reciben un pedazo de ese pastel, el 30% por cada negocio cerrado.

En mi caso particular, trabajé mucho y valió la pena, porque tenía un ingreso promedio mensual de USD 4 000 al mes.
En el 2008 me ofrecieron ir a una finca y por adelantado me pagaron USD 2 000. Como necesitaban más ‘peladas’, yo llevé a mi hermana, quien también cumplía con los requisitos necesarios, es decir, tener silicona.
Al llegar allá, el escenario se asemejaba a un baile de quinceaneros. Los hombres se acercaban al principio con timidez, pero luego no escatimaban en tocar ni mostrar en público.

A mi hermana le tocó un patán, que quería que le hiciera sexo oral en público. Ella se negó y él la golpeó. Después de eso la amenazó y nos asustamos mucho.
Al llegar a Medellín decidimos venir a Ecuador, porque esa situación alerto nuestro instinto de supervivencia. Aunque no tengo la categoría de Refugiada por el Estado Ecuatoriano, lo soy por las circunstancias. Colombia es un país con demasiadas tentaciones, para los que no tenemos recursos. El narcotráfico ofrece oportunidades, tanto a hombres como mujeres, que luego se transforman en la pena de muerte.

En la actualidad gano USD 280 al mes, mi hermana igual. Apenas sobrevivimos, pero tenemos la ilusión de estudiar y superarnos sin tener que ofrecer el sexo como herramienta de trabajo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Historia #4 (más de 53 000 refugiados en Ecuador)

Ser refugiado excede sentirse extraño en otro territorio. Es vivir con el recuerdo de que la guerra ingresó a su vida, y se llevó la de alguien más que quería. Además debe luchar con la burocracia que requiere tener esa condición. Es decir, la renovación de papeles, la inscripción en centros educativos se complica, abrir cuentas bancarias se dificulta, sin mencionar la cara de la gente que no entiende nada al respecto.

Póngase en los zapatos de estas personas que fueron abandonados por el estado, y les tocó acudir a otro territorio, con diferente cultura y costumbres. Los refugiados no son un estorbo, sino una comunidad que debe luchar a diario, como las lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT), por obtener sus derechos.

Ahora imagínese pertenecer a las dos comunidades. *Carlos P. nació y vivió en Bogotá. Allí estudio la primaria, secundaria y universidad, en esta última tomó las agallas para ‘salir del closeth’. En ese proceso comenzó a frecuentar discotecas gay, a las que también iban mujeres muy bonitas que salían con hombres que tenían mucha plata. Esto, porque pagaban cuentas de USD 2 000 en las discotecas y exhibían los relojes Bvlgari o Cartier que les regalaban a sus novias en las fiestas. Solo por eso, él presume que eran narcotraficantes, aunque no puede asegurarlo.

Un día de esos, su novio, con el que llevaba un año, lo llevó al lugar equivocado. Una casa de 700 mt 2 construidos con 12 cuartos, seis jacuzzis, dos piscinas y leones de bronce a la entrada. Allí hubo una fiesta, con esos hombres de plata y las mujeres bonitas que había visto antes. Un DJ tocaba, mientras por todos lados había farra, trago y estupefacientes. Para no alargar el cuento, otros hombres irrumpieron en la fiesta con disparos y los locales se defendieron. “Todo parecía una película como el padrino”.

Su novio no pudo disfrutar del espectáculo, porque recibió un disparo al iniciar el enfrentamiento. Todo acabó en cinco minutos y los intrusos abandonaron la extinta fiesta. Los dueños de la casa lamentaron mucho el hecho, pero igual le dijeron que se perdiera, porque había visto mucho. “Hermano, usted entiende, las peladas están con uno y no van a decir nada, pero ustedes no tenían nada que hacer aquí. Mejor váyase”.

Él entendió el mensaje y también que la exclusión a los gay se ve en todos los estamentos, tanto legales como ilegales. Por eso, en el 2007 viajó a Ecuador. Allí tiene una nueva vida, pero los mismos problemas de exclusión.
*(Nombre protegido).

Historia # 3 (más de 53 000 refugiados colombianos en Ecuador).

Las motosierras fueron diseñadas para cortar troncos, pero no humanos. Sin embargo, los paramilitares no tenían en cuenta eso y usaban esa herramienta para descuartizar a campesinos, que según su veredicto tenían nexos con la guerrilla.

Exactamente esto ocurrió en 1997, en el pueblo El Aro (Antioquia), cuando más de 100 paramilitares acordonaron el pueblo por cinco días, para ajusticiar a los presuntos delincuentes a su manera.

Una de las personas que vivió esa realidad escapó a Ecuador y recuerda esos días con temor y angustia. *Elena C. barría la entrada de su casa, cuando vio 15 hombres uniformados cerca de allí. Uno de ellos, con una voz fuerte y grave comenzó a decir que su presencia en el lugar se debía a un operativo paramilitar, que buscaba castigar a personas que colaboraron con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). "Cualquiera se imagina ante esas palabras que alguien pertenecía a esa guerrilla, luego me enteré que dar un vaso de agua o un caldo de gallina a un insurgente es colaboración".

Esta mujer de 50 años relata con lagrimas que entre dos hombres tomaron a su esposo y le cortaron las extremidades con la motosierra, mientras la obligaban a mirar y a sentir que la sangre le salpicara. Mientras recuerda el episodio llora y se disculpa, porque no puede seguir contando la historia.
Recomiendo leer esta crónica de Verdad Abierta, http://www.verdadabierta.com/nunca-mas/masacres/40-masacres/447-las-cicatrices-de-el-aro que tiene detalles de esa masacre, para entender cÓmo operaba ese grupo ilegal que usaba sierras eléctricas y machetes para talar la existencia, como si esas vidas pudieran sembrarse nuevamente.
(*Nombre protegido)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Historia # 2 (de los más de 53 000 refugiados colombianos en Ecuador)

*María P odia dar entrevistas, así que en su testimonio escasean los detalles. Esta mujer de 30 años recuerda que en la infancia era curiosa y jugaba a buscar la verdad, como mostraba el cine de Hollywood, en el que siempre ganaba el bueno.

Más adelante, durante la universidad esa búsqueda de la verdad persistió. Desde el primer año como estudiante de Derecho se le ocurrió hacer una tesis de grado, sobre como el narcotráfico se involucra con todos los estamentos del Estado colombiano. Esto no fue casualidad, sino que lo identificó porque si Pablo Escobar llegó a ser congresista suplente de la República, se imaginó que eso dejó alguna marca o relación pactada.

Aunque la idea era buena, según sus profesores, eso no podía comprobarse y la tesis quedaría en nada. Sin embargo, la terquedad que la caracteriza, acota María, la llevó a seguir con la iniciativa. No sabe cómo, pero con mucha investigación obtuvo cuatro testimonios. Uno de un ex magistrado, uno de un ex fiscal y dos narcotraficantes en la cárcel que aseguraban haber recibido y otorgado dinero para alivianar alguna pena que afectara el desenvolvimiento de un actor o del negocio del tráfico de estupefacientes en sí.

Con este logro empezaron las amenazas, una voz ronca le decía por teléfono que dejara eso así. Que no jugara a la heroína, porque terminaría mal. Ella explica que era consciente de lo que pasaba, pero algo la impulsaba a seguir buscando. "El sentimiento debe asemejarse al de encontrar oro, encuentras un poco y sigues buscando. Quizá me ganó la codicia", reconoce María.

En marzo del 2004, después de recibir amenazas por más de un año, la llamaron a su celular. Respondió airosa como siempre, porque no le había pasado nada y el miedo se le extinguió unos meses atrás. "mamacita cómo me le va", dijo esa voz ronca. "Usted sabe que ya estaba advertida, pero no hizo caso y siguió jugando con fuego. Ahora va a saber lo que se siente meterse con quien no debía".
El escenario era la entrada de su casa. Ella buscó con la mirada cualquier peligro y se apresuró a entrar. Vio que su papá venía a unos 50 metros y lo llamó asustada, para contarle de la nueva amenaza. Tres disparos cegaron el ambiente y la vida del hombre que la formó con las agallas para contar la verdad ante cualquier situación.

Después de eso, su impulso se desvaneció y entendió que Colombia es diferente al cine de Hollywood, porque los malos siempre ganan. No obstante, desde que llegó a Ecuador, ese mismo año, vio que más de 15 narcotraficantes pesados tuvieron que pagar la condena a EE.UU., los congresistas vinculados con el paramilitarismo fueron juzgados, aunque algunos siguen en sus haciendas a las afueras de Bogotá y Medellín. " Algo es algo", concluye.
(*Nombre protegido)

martes, 15 de marzo de 2011

Mi guerra interior...

Mientras Japón se cae a pedazos; la energía nuclear asusta a la humanidad; Gadafi amenaza con unirse a Al Qaeda; los carteles en México continúan su guerra y miles de mulas andan por el mundo llevando estupefacientes...yo ando concentrada, o desconcentrada, por esto.
No es que te llames esto, sino que eres un todo y nada que mueve y detiene mi mundo. Aunque te sales de mi esquema de la teoria de la guerra, eres el causante de mi conflicto interior. Ese que llevamos todas las mujeres por dentro, y causa un malestar satisfactorio.

Eres la guerra personificada, porque destruyes todo mi entorno y la posterior calma me genera un tiempo extendido de paz. Sin embargo, cada palabra mal usada entre nosotros eleva un grado la escala de Richter de nuestra suerte de relación y la derrumba.

viernes, 11 de marzo de 2011

Historia # 1 (de los más de 53 000 refugiados colombianos en el Ecuador).

*Natalia C. odia el sonido al despegar la cinta pegante. Cualquiera pensaría que es una manía caprichosa, pero nada está más alejado de la realidad. Esta mujer de 38 años recuerda que en el 2003 estaba en su casa en Caldas(a 45 minutos de Medellín), con su esposo y sus dos hijos.Era un sábado a las 08:20 y sintió unos pasos en el corredor exterior de su casa. Pensó que era una vecina y salió a ver que ocurría. Unos hombres ‘encapuchados’ la abordaron y golpearon con la parte trasera de un arma.
Al despertarse recuerda que esos hombres despegaban con fuerza cinta adhesiva. ¿Dios mío que están haciendo?, se preguntó.

Nada fue más desgarrador que ver a sus dos hijos de 8 y 10 años en el piso con bolsas plásticas en la cabeza. Estos hombres que se identificaron como miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), también conocidos como paramilitares, pegaron cinta alrededor del cuello de los menores para asfixiarlos, mientras le repetían a su esposo, una y otra vez, que no debió meterse con algún fulano.

Ella gritó y pataleó, pero los hombres la tenían amarrada y presenció como las piernas de sus hijos dejaron de moverse.
De alguna manera se soltó de las manos de sus captores y abrazó los cuerpos de sus hijos. Volteó para mirar a su esposo y exigirle una explicación, pero en ese momento escuchó un disparo que acabó con la vida de quien fue su compañero por 13 años.

Después de realizar trámites crematorios y llorar por más un mes, decidió realizar la denuncia en la Fiscalía General de la Nación (Colombia). Al salir de allí recibió una amenaza a su celular y entendió lo que le esperaba. “Lo mejor hubiera sido quedarme allí y morir, porque ya no me quedaba nada. Pero, por alguna razón decidí luchar por mi vida. Me enteré que Ecuador recibía a victimas del conflicto y viajé para empezar de nuevo”.
En la actualidad, Natalia trabaja como secretaria de una firma florícola y aunque a diario piensa en ese día, dice que sus pequeños son un par de angelitos que la acompañan. A su difunto esposo le desea la salvación, porque hasta ahora no sabe que hizo para merecer una venganza de ese calibre, que en últimas fue ella quien recibió el castigo. Ese recuerdo, aunque latente, lo revive cada que escucha al despegar un pedazo de cinta.
*nombre protegido

miércoles, 2 de marzo de 2011

La comparación entre Pablo Escobar y el dólar

Antes de empezar a escribir esta entrada debo explicarles que viví en Medellín gran parte de mi vida y que soy de la generación X. Es decir, presencié la magnitud de la guerra del narcotráfico que inició el extinto Pablo Escobar. En muchas ocasiones, como la mayoría de personas, atribuyo las desgracias que vivió Colombia a la ambición y sangre fría de este personaje. Bueno, esta mañana leía la columna del Wall Street Journal - http://online.wsj.com/article/SB129902555823590945.html -, (no porque sea una experta en finanzas, sino porque escribo sobre esos temas y literalmente me toca desayunarlos). Y en el tercer párrafo hablan de que en los próximos 10 años varias monedas competirán por el predominio que tiene el dólar. Eso me recordó, que mientras Escobar vivía era fuerte como la moneda gringa. Todas las transacciones de droga se hacían con su permiso y las que no eran irrisorias, casi sin ganancia. Ese pensamiento, no me deja más que una duda. ¿Habrá que eliminar al dólar, para que otras monedas disputen su poder? Tal como pasó en la guerra del traficó de drogas en Colombia. Una vez muerto el capo, el negocio se subdividió y surgieron decenas de pequeños comerciantes que se disputan el poder y, de forma irónica, unos cuantos millones de dólares.