domingo, 17 de abril de 2011

La guerra perdida contra la naturaleza (experiencia de una inundación)

Esta entrada la escribo desde un cibercafé, porque amanecí sin computadora. De hecho me levanté sin TV, lavadora, nevera… no fue un robo, sino que mi casa se inundó por una fuerte lluvia que cayó el 16 de abril en Quito.
Los que no me conocen pensarán que vivo en un lugar de alto riesgo. Es verdad, pero peligroso para el bolsillo. Vivo en un barrio bueno, porque me comí el cuento de que los triunfos también se evidencian con una casa linda, ubicada en un buen sector, en el que la seguridad es un valor agregado. Hace rato me enteré de que no tengo éxito, y con este evento de que los barrios bonitos no garantizan la seguridad, menos ante la madre tierra.

Este acontecimiento me hará empezar por tercera vez con los bolsillos dados la vuelta, como dice un amigo. Eso no es un inconveniente, porque tengo sangre judía. Soy muy trabajadora, tacaña y tengo capacidad de ahorro. No obstante, debo admitir que esta vez va a ser más difícil que las demás. Antes quedaba sin nada y ya, pero ahora me toca limpiar un desastre de dimensiones absurdas. Hay lodo en el piso, en la ropa, el agua entró por los cajones del closeth y recorrió los estantes de la cocina. Si a eso le sumamos que soy mala para las labores del hogar entenderían mi preocupación.

Al ver ese desatre me pregunté por qué debía limpiar eso, si yo no tuve la culpa. Ahí me equivoqué. Tanto usted como yo somos culpables de esta situación. Por obtener minerales, combustibles, comida que se desperdicia, etc., explotamos a la naturaleza. Ahora, ella se defiende con tsunamis, nevadas, lluvias... para demostrarnos que solo somos invitados, y debemos respetar este espacio.
Japón, Chile, Haití, Colombia y otros países conocen quien manda, yo lo leí en los periódicos, pero solo con este evento entendí que es imposible declararle la guerra a la madre tierra. O aprendemos a vivir en armonía, o perder las laptops y muebles es lo menos a lo que estamos expuestos.

lunes, 11 de abril de 2011

El poder de la desinformación de los blogs (y algo sobre Rosario Tijeras).

Hace aproximadamente un mes leí un blog de un usuario de la página digital de la revista Semana (Colombia). Ese medio de comunicación permite a sus lectores crear cuentas para escribir sobre temas de actualidad o reflexiones.
Como les contaba, una entrada me llamó la atención, porque explicaba detalles de la realización de la novela Rosario Tijeras, que desde mi perspectiva es de lo mejor que se ha hecho en Colombia. Estoy de acuerdo con que es violenta y no apta para menores de 18 años. Pero debo reconocer que cuando veo esa novela, me siento en el Medellín de la década de los noventa. Es increíble, como la fotografía y actuaciones trasladan al espectador a una historia llena de realismo, no el mágico de Márquez, y contenido.

Esa pasión que despierta la historia de Jorge Franco, el autor de Rosario Tijeras, me llevó a leer ese blog que tenía una teoría interesante sobre algunos de los actores, que fueron sicarios de verdad y estaban reinsertados. Esto no era cierto, y yo caí en el error de creer esa versión. La verdad es que el personaje de Jhon F (hermano de Rosario), lo interpreta Juan David Restrepo.
Él vivió gran parte de su vida en Manrique, un barrio muy peligroso de Medellín, de donde surgen los sicarios. Sin embargo, Restrepo tomó el rumbo indicado y se dedicó al arte, al Rap y la actuación. Aunque el compartir con personas en su barrio natal, le dio elementos para interpretar el papel de sicario. (También actuó en la Virgen de los Sicarios). Otro punto a favor de Restrepo es que realiza trabajo comunitario y convenció amigos de su barrio para que se dediquen a las artes escénicas. De allí surge el resto del reparto de la novela, que le otorga esa realidad. Además, que debo admitir que María Fernanda Yepes(quien encarna a Rosario) es excelente actriz. A pesar de que ella sí vivió en un barrio alejado de Manrique, captó la esencia del conflicto, y lo transmitió en cada capitulo.

A parte de eso los productores se esforzaron, porque los actores se mezclaran con el tema y personajes a profundidad, para generar un impacto en el televidente. No obstante, aunque la idea de contratar sicarios reinsertados era buena, la enseñanza que dejó la película ‘La vendedora de rosas’, de Víctor Gaviria, fue nefasta. Un reparto de 23 personajes que eran niños de las calles y sicarios de verdad, recibió el premio de Cannes (Italia). Después de eso, su elenco fue asesinado paulatinamente por enfrentamientos internos. Solo queda viva la protagonista, Leidy Tabares, quien tiene cáncer de mama y paga una condena de 26 años en la cárcel de Valledupar (Colombia), por el homicidio a un taxista de Medellín.

Dejando a un lado el tema de Rosario, mi reflexión va dirigida a los bloggueros que escriben en base a suposiciones y a los lectores que leemos sin buscar otras fuentes. Por eso recomiendo más búsqueda para no caer en errores y explorar temas relacionados en los medios de comunicación. Por ejemplo el Grupo de Diarios de América (GDA), www.gda.com, asocia medios impresos serios de América Latina, que hacen periodismo de verdad. Es mejor, estar seguros y leer temas basados en la investigación, y no en las suposiciones.

lunes, 4 de abril de 2011

La guerra de los sexos (la insensatez de las mujeres)

Ayer, 4 de abril 2011, mientras leía el blog de un colega http://juanpablovintimilla.wordpress.com/2011/04/04/mis-30-minutos-junto-a-niki-lauda/ , me di cuenta de lo insensatas que podemos ser las mujeres. No entendemos que el fútbol, para los hombres, es más que 24 personajes, de mediana preparación mental, persiguiendo una pelota. O que la Fórmula Uno (F1) es más que un 'chorro' de europeos en carros costosos.

A diferencia de mi colega, el del blog, yo sí viví una F1, porque el colombiano Juan Pablo Montoya competía (obviamente soy colombiana). Mi motivación para asistir fue la celebración que habría cuando el colombiano se coronara campeón, pero no la figura del corredor como tal. Quizá eso fue un error, porque si no admiraba a ningún competidor y ni sabía de la existencia de Lauda, ese definitivamente no era mi lugar. Sin embargo, asistí y Montoya se estrelló a los cinco minutos de iniciar la carrera.

Para mí, el resto de la competencia fue ruido y cansancio, y por supuesto hice notar esa inconformidad con miles de quejas, que soportó un representante del género masculino.

Leer ese blog, no solo me hizo entender que los hombres no ven carreras para fastidiar a las mujeres, sino porque son un nexo con su pasado y vivencias positivas. Solo que ellos no lloran, ríen o cuentan una historia de 35 minutos. Sino que se quedan inmutables frente a la pantalla y no por eso nos quieren menos.

Probablemente mi pareja deba agradecerle al chico que escribió el blog, por hacerme madurar con ese texto. Ahora lo dejare ver carreras y partidos en paz, y al final no le va a tocar convencerme, por tres horas, de que soy más importante que el fútbol.

Respuesta a un lector del blog que no entiende por qué repudio el narcotráfico

Las reacciones en Twitter no se hicieron esperar con la noticia del cable de Wikileaks, en el que se afirma que el 10% de las tierras en Colombia pertenecen a narcotraficantes y paramilitares (vea noticia en: http://www4.elcomercio.com/2011-04-04/Noticias/Mundo/Noticias-Secundarias/EC110404P10COLOMBIA2da.aspx)

En mi caso, lo que realmente asombra es que las personas de otros países, incluso algunos colombianos, ignoren esta realidad. Es más, yo apostaría que ese porcentaje es mayor, pero existe el testaferrato y muchas propiedades están a nombre de personas honestas, pero sus casas provienen de fuentes que no tienen esa cualidad.

He recibido decenas de mails de lectores del blog que apoyan la tarea de contar sobre esa realidad que vive Colombia, y solo un mensaje de un personaje que me pregunta ¿por qué repudio el narcotráfico?, si es un negocio como cualquiera. Es decir, requiere una inversión inicial, tiene una facturación, maneja un riesgo, etc.
Por un lado este lector tiene razón, porque es innegable que hay que ser un ‘berraco’ (http://es.wikipedia.org/wiki/Berraco), para arriesgarse a ganar dinero de esa forma. No obstante, eso de silenciar testigos, alimentar a los leones con los enemigos, cortar en pedacitos al soplón, mantener en secreto las rutas, coronar ‘vuelticas’, etc., no es cultura empresarial. Eso sin contar, que el exceso de dinero que los narcotraficantes ingresan a un país encarecen la vida, y afectan a los que no ganamos como ‘traqueto’.

Repudio el narcotráfico, porque facilita a los jóvenes acceder a sustancias que les destruirán la vida. Porque crea una cultura de dinero fácil, en la que se promueve la prostitución y el sicariato. También, porque suscita el ingreso de armas y la formación de ejércitos privados que llevan al país a una guerra no declarada. Y por las miles de personas inocentes, que mueren por fuego cruzado, error en la información, bombas, o los que se atreven a contar la verdad sobre lo nefasto que resulta ese negocio en la sociedad.