Querido Santa: mi deseo por esta navidad es que los políticos que hayan sido cómplices de asesinatos testifiquen y paguen con cárcel sus delitos. Solo así la celebración por la declaración de DD.HH. será algo serio y no un chiste. Para aquellos que se toman un trago, mientras recuerdan, con una sonrisa en el rostro, que llegaron al poder gracias a las amenazas.
Creo que los efectos colaterales serán positivos, cuando los refugiados pierdan el miedo y regresen a un país de paz, del que nunca debieron salir.
Santa, por favor no esperes a que estos gobernantes envejezcan y el público sienta pena de enviarlos a prisión por su edad.
No pienses que dudo del poder de Dios, sé que él castiga este tipo de eventos. Sin embargo, quiero recobrar la fe en la justicia, esa que recibió tanto dinero de los narcotraficantes y paramilitares, que la transformaron en un sistema turbio.
Es un hecho que si el pez más gordo- aunque su aspecto sea delgado-, confesara, esa infraestructura de maldad que ha prevalecido por más de 30 años sufrirá un golpe irreparable.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Latinoamérica no tiene nada que celebrar en materia de DD.HH.
La conquista de los derechos humanos, indiscutiblemente, es un logro de la sociedad moderna. Sin embargo, la lucha por garantizarlos se da después de los abusos. Por ejemplo, tras la explotación, tortura y muerte de miles de judíos, en 1949 un grupo de humanos sensibles se conmovió y redactó un texto para minimizar los efectos de la guerra sobre los civiles. Me niego a mencionar cual es, porque hoy carece de vigencia.
En Colombia, entre 1996 y el 2005, los paramilitares ingresaron a 11 pueblos y degollaron, cercenaron y multilaron –términos que encajan en una película de Quentin Tarantino- a más de 2 000 campesinos. Los cadáveres reposan en fosas comunes en las haciendas de ese ejército de ultraderecha, quienes aún gozan de riquezas y respeto, derivado del miedo, en zonas rurales del país.
El Ejercito Nacional de Colombia y la Policía, quienes están ‘programados’ para proteger al ciudadano colombiano, esperaban a que pasara la matanza, para 'trepar' los muertos, en camiones, y enterrarlos en donde nadie los encuentre.
Qué derechos humanos existen en una sociedad, donde la seguridad-representada por la Policía y el Ejercito Nacional- es un cómplice de la maldad. O cuando un ex presidente, quien tiene ´presuntos´ nexos con los paramilitares –me refiero a Álvaro Uribe Velez-, sigue haciendo política y es aplaudido en cada pueblo colombiano o nación extranjera que visita.
Colombia no es el único caso. León Febres Cordero, quién fue presidente de Ecuador entre 1984 y 1988, asesinó a decenas de personas en ese país, porque evidenció que el grupo armado Alfaro Vive Carajo (AVC) era una potencial guerrilla, tal como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Con la motivación de frenar a los insurgentes creó una ‘policía secreta’ para desaparecer cualquier amenaza. Con tan mala suerte, que dos jóvenes, hermanos, colombianos -Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo, de 14 y 17 años respectivamente-, fueron desaparecidos, sin tener ningún nexo con AVC. El único error de los hermanos Restrepo era su acento colombiano.
Hasta hoy, los cuerpos de los jóvenes Restrepo no aparecen, y los policías que estuvieron involucrados en ese caso se acusan entre ellos, sin ningún resultado concreto.
Faltaría mencionar los casos en la dictadura chilena, argentina, las actuales masacres en México, etc. Todo esto me hace pensar que los derechos humanos son un ‘flash’ que surge con la mejor intención, pero sin ningún propósito. Esto, porque en teoría es una norma supranacional, pero no puede defenderse ante un mandatario déspota, un tirano, un régimen absoluto, una democracia débil, el narcotráfico…
La celebración del aniversario que sea (63 en este caso) de la DD.HH. no vale la pena, mientras las personas que piensan diferente sean acusadas, violentadas, demandadas, torturadas, asesinadas...
En Colombia, entre 1996 y el 2005, los paramilitares ingresaron a 11 pueblos y degollaron, cercenaron y multilaron –términos que encajan en una película de Quentin Tarantino- a más de 2 000 campesinos. Los cadáveres reposan en fosas comunes en las haciendas de ese ejército de ultraderecha, quienes aún gozan de riquezas y respeto, derivado del miedo, en zonas rurales del país.
El Ejercito Nacional de Colombia y la Policía, quienes están ‘programados’ para proteger al ciudadano colombiano, esperaban a que pasara la matanza, para 'trepar' los muertos, en camiones, y enterrarlos en donde nadie los encuentre.
Qué derechos humanos existen en una sociedad, donde la seguridad-representada por la Policía y el Ejercito Nacional- es un cómplice de la maldad. O cuando un ex presidente, quien tiene ´presuntos´ nexos con los paramilitares –me refiero a Álvaro Uribe Velez-, sigue haciendo política y es aplaudido en cada pueblo colombiano o nación extranjera que visita.
Colombia no es el único caso. León Febres Cordero, quién fue presidente de Ecuador entre 1984 y 1988, asesinó a decenas de personas en ese país, porque evidenció que el grupo armado Alfaro Vive Carajo (AVC) era una potencial guerrilla, tal como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Con la motivación de frenar a los insurgentes creó una ‘policía secreta’ para desaparecer cualquier amenaza. Con tan mala suerte, que dos jóvenes, hermanos, colombianos -Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo, de 14 y 17 años respectivamente-, fueron desaparecidos, sin tener ningún nexo con AVC. El único error de los hermanos Restrepo era su acento colombiano.
Hasta hoy, los cuerpos de los jóvenes Restrepo no aparecen, y los policías que estuvieron involucrados en ese caso se acusan entre ellos, sin ningún resultado concreto.
Faltaría mencionar los casos en la dictadura chilena, argentina, las actuales masacres en México, etc. Todo esto me hace pensar que los derechos humanos son un ‘flash’ que surge con la mejor intención, pero sin ningún propósito. Esto, porque en teoría es una norma supranacional, pero no puede defenderse ante un mandatario déspota, un tirano, un régimen absoluto, una democracia débil, el narcotráfico…
La celebración del aniversario que sea (63 en este caso) de la DD.HH. no vale la pena, mientras las personas que piensan diferente sean acusadas, violentadas, demandadas, torturadas, asesinadas...
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