*Natalia C. odia el sonido al despegar la cinta pegante. Cualquiera pensaría que es una manía caprichosa, pero nada está más alejado de la realidad. Esta mujer de 38 años recuerda que en el 2003 estaba en su casa en Caldas(a 45 minutos de Medellín), con su esposo y sus dos hijos.Era un sábado a las 08:20 y sintió unos pasos en el corredor exterior de su casa. Pensó que era una vecina y salió a ver que ocurría. Unos hombres ‘encapuchados’ la abordaron y golpearon con la parte trasera de un arma.
Al despertarse recuerda que esos hombres despegaban con fuerza cinta adhesiva. ¿Dios mío que están haciendo?, se preguntó.
Nada fue más desgarrador que ver a sus dos hijos de 8 y 10 años en el piso con bolsas plásticas en la cabeza. Estos hombres que se identificaron como miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), también conocidos como paramilitares, pegaron cinta alrededor del cuello de los menores para asfixiarlos, mientras le repetían a su esposo, una y otra vez, que no debió meterse con algún fulano.
Ella gritó y pataleó, pero los hombres la tenían amarrada y presenció como las piernas de sus hijos dejaron de moverse.
De alguna manera se soltó de las manos de sus captores y abrazó los cuerpos de sus hijos. Volteó para mirar a su esposo y exigirle una explicación, pero en ese momento escuchó un disparo que acabó con la vida de quien fue su compañero por 13 años.
Después de realizar trámites crematorios y llorar por más un mes, decidió realizar la denuncia en la Fiscalía General de la Nación (Colombia). Al salir de allí recibió una amenaza a su celular y entendió lo que le esperaba. “Lo mejor hubiera sido quedarme allí y morir, porque ya no me quedaba nada. Pero, por alguna razón decidí luchar por mi vida. Me enteré que Ecuador recibía a victimas del conflicto y viajé para empezar de nuevo”.
En la actualidad, Natalia trabaja como secretaria de una firma florícola y aunque a diario piensa en ese día, dice que sus pequeños son un par de angelitos que la acompañan. A su difunto esposo le desea la salvación, porque hasta ahora no sabe que hizo para merecer una venganza de ese calibre, que en últimas fue ella quien recibió el castigo. Ese recuerdo, aunque latente, lo revive cada que escucha al despegar un pedazo de cinta.
*nombre protegido
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5 comentarios:
Auch! Fuerte, fuerte!
Al contrario. Me gustó bastante. Inolvidable el detalle de la cinta. El testimonio es fuerte.
Acabo de leer la primera de tus 53.000 historias de refugiados colombianos en Ecuador y es desagarradora... Corta y concisa, pero escalofriante... tu proyecto debería incluir como punto final la publicación de un libro con todo lo que pueda recoger sobre el tema... Eres una maravillosa escritora y el testomonio es inmejorable...
bueno, muy bueno. Gran manejo de voz. La cinta es genial.
Dios mio, que impresion, demasiado fuerte y triste, pero real...
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