miércoles, 16 de marzo de 2011

Historia # 2 (de los más de 53 000 refugiados colombianos en Ecuador)

*María P odia dar entrevistas, así que en su testimonio escasean los detalles. Esta mujer de 30 años recuerda que en la infancia era curiosa y jugaba a buscar la verdad, como mostraba el cine de Hollywood, en el que siempre ganaba el bueno.

Más adelante, durante la universidad esa búsqueda de la verdad persistió. Desde el primer año como estudiante de Derecho se le ocurrió hacer una tesis de grado, sobre como el narcotráfico se involucra con todos los estamentos del Estado colombiano. Esto no fue casualidad, sino que lo identificó porque si Pablo Escobar llegó a ser congresista suplente de la República, se imaginó que eso dejó alguna marca o relación pactada.

Aunque la idea era buena, según sus profesores, eso no podía comprobarse y la tesis quedaría en nada. Sin embargo, la terquedad que la caracteriza, acota María, la llevó a seguir con la iniciativa. No sabe cómo, pero con mucha investigación obtuvo cuatro testimonios. Uno de un ex magistrado, uno de un ex fiscal y dos narcotraficantes en la cárcel que aseguraban haber recibido y otorgado dinero para alivianar alguna pena que afectara el desenvolvimiento de un actor o del negocio del tráfico de estupefacientes en sí.

Con este logro empezaron las amenazas, una voz ronca le decía por teléfono que dejara eso así. Que no jugara a la heroína, porque terminaría mal. Ella explica que era consciente de lo que pasaba, pero algo la impulsaba a seguir buscando. "El sentimiento debe asemejarse al de encontrar oro, encuentras un poco y sigues buscando. Quizá me ganó la codicia", reconoce María.

En marzo del 2004, después de recibir amenazas por más de un año, la llamaron a su celular. Respondió airosa como siempre, porque no le había pasado nada y el miedo se le extinguió unos meses atrás. "mamacita cómo me le va", dijo esa voz ronca. "Usted sabe que ya estaba advertida, pero no hizo caso y siguió jugando con fuego. Ahora va a saber lo que se siente meterse con quien no debía".
El escenario era la entrada de su casa. Ella buscó con la mirada cualquier peligro y se apresuró a entrar. Vio que su papá venía a unos 50 metros y lo llamó asustada, para contarle de la nueva amenaza. Tres disparos cegaron el ambiente y la vida del hombre que la formó con las agallas para contar la verdad ante cualquier situación.

Después de eso, su impulso se desvaneció y entendió que Colombia es diferente al cine de Hollywood, porque los malos siempre ganan. No obstante, desde que llegó a Ecuador, ese mismo año, vio que más de 15 narcotraficantes pesados tuvieron que pagar la condena a EE.UU., los congresistas vinculados con el paramilitarismo fueron juzgados, aunque algunos siguen en sus haciendas a las afueras de Bogotá y Medellín. " Algo es algo", concluye.
(*Nombre protegido)

2 comentarios:

Juan Pablo Vintimilla dijo...

Sin palabras... No puedo creer que las cosas funcionen así, lamento mucho la historia de María y de todo el pueblo colombiano azotado por la intransigente violencia del narcotráfico...

leptium dijo...

El temor es nuestro único enemigo siempre que un sistema esta corrupto.