Todos saben que las prepago son mujeres que se acuestan por plata. Lo que ignoran es que son un indicador fiable cuando se coronó alguna ‘vueltica’. Porque si los “empresarios de estupefacientes” envían un cargamento con éxito, lo primero que contratan es una pasarela de prepagos para satisfacer sus necesidades básicas. Luego compran alcohol y comida. Irónicamente, los más ‘duros’ no consumen droga. Quizá, porque saben, más que nadie, los químicos que llevan esas sustancias.
No voy a tomarme la molestia de dar un nombre falso, porque ya me llamé de muchas formas en Medellín. Soy Alejandra, tengo 23 años y fui prepago por seis (es decir, desde los 16).
En mi país ser prepago es un estilo de vida, que incluye ponerse silicona aquí y allá, para que los clientes paguen por uno. Detrás del negocio está algún representante que conoce a quienes están dispuestos a desembolsar USD 300 la hora, o USD 3 000 el fin de semana. Asimismo, conocen a las niñas que tengan un precio similar por tener sexo. Los representantes también reciben un pedazo de ese pastel, el 30% por cada negocio cerrado.
En mi caso particular, trabajé mucho y valió la pena, porque tenía un ingreso promedio mensual de USD 4 000 al mes.
En el 2008 me ofrecieron ir a una finca y por adelantado me pagaron USD 2 000. Como necesitaban más ‘peladas’, yo llevé a mi hermana, quien también cumplía con los requisitos necesarios, es decir, tener silicona.
Al llegar allá, el escenario se asemejaba a un baile de quinceaneros. Los hombres se acercaban al principio con timidez, pero luego no escatimaban en tocar ni mostrar en público.
A mi hermana le tocó un patán, que quería que le hiciera sexo oral en público. Ella se negó y él la golpeó. Después de eso la amenazó y nos asustamos mucho.
Al llegar a Medellín decidimos venir a Ecuador, porque esa situación alerto nuestro instinto de supervivencia. Aunque no tengo la categoría de Refugiada por el Estado Ecuatoriano, lo soy por las circunstancias. Colombia es un país con demasiadas tentaciones, para los que no tenemos recursos. El narcotráfico ofrece oportunidades, tanto a hombres como mujeres, que luego se transforman en la pena de muerte.
En la actualidad gano USD 280 al mes, mi hermana igual. Apenas sobrevivimos, pero tenemos la ilusión de estudiar y superarnos sin tener que ofrecer el sexo como herramienta de trabajo.
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1 comentario:
No puedo hacer menos que seguir aplaudiendo tu proyecto... Que difícil abandonar un "negocio" tan rentable y reinsertarse a una sociedad llena de prejuicios...
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