Cuando se piensa en una niña de 11 años se tiene la imagen de una ‘impuber’ que escucha música de Hannah Montana, ve series de Disney con las estrellas del momento, estudia y conversa con sus amigas. También está confundida porque le gusta algún chico de la escuela o barrio. Sin embargo, tiene dudas, porque sus papás le dicen que está muy joven para tener romances.
Una realidad diferente viven los niños en el entorno de la venta de drogas.
El año pasado visité una correccional de jóvenes, entre 10 y 16 años, en Quito. Todas estaban allí por robo, venta de drogas y tenencia ilegal de armas. Clara es la que más recuerdo. Tenía 11 años y manos de niña. Sus uñas estaban pintadas de rojo y hablaba sobre sexo con propiedad. Lo que más extrañaba de su estadía allí era no poder pasar las noches de pasión con Wilmer, su pareja (de 26 años).
Clara relató que su padrastro abusó constantemente de ella desde que tenía seis. Un día terminó gustándole el sexo y desde ahí se acostaba con todos los del barrio. El esposo de su madre tenía celos y empezó a golpearla. Por eso se fue con Wilmer a vivir en un cuarto al sur de Quito.
Lo que vino luego para Clara, por recomendación del novio, fue vender drogas para sostener su independencia. A los seis meses cayó en un operativo que realizó la Policía. Wilmer huyó y no ha sabido de él.
Como el caso de Clara hay muchos. Niños deambulan en las noches y trabajan vendiendo drogas.
Es injusto es que en una ciudad se conozca que determinado sector es de libre venta de estupefacientes y nadie haga algo para evitarlo. Que exista un 'jhonny black' o un 'Miguel Pata de Palo' (nombres ficticios) que ajustician, sin piedad, a los menores. Que los padres prefieran el orgullo de tener un hijo en condiciones precarias a entregarlo a un hogar, donde recibirá cariño y respeto.
martes, 7 de febrero de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Lo que describes es grave y triste, pero, por desgracia, muy extendido en América Latina. He trabajado con jóvenes en situación de riesgo social en Chile y la situación no es tan diferente. Pero creo, desde mi perspectiva, que estás equivocando el acento. No creo que el problema sean las drogas; bastaría legalizarlas y se acabaría el problema en los barrios. El problema es la incapacidad de los Estados para proteger a los niños y apoyar el desarrollo sano en los jóvenes. Hoy los niños y jóvenes dependen completamente de sus familias, si estas son de lo peor eso es lo que le darán a sus hijos. Ese determinismo animal, esa herencia social incontrolable es lo que me parece que se puede y se debe cambiar desde Estados fuertes, capaces de intervenir a tiempo en las familias con esos problemas y cuidar efectivamente de esos niños. No conozco los detalles de la realidad ecuatoriana, pero te diré que en Chile la principal sustancia asociada a la violencia contra los niños es el alcohol, no las drogas, y también lo hacen sin ninguna ayuda de sustancias. Así es que si el objetivo es preocuparse por los niños hay que preocuparse del Estado, no sólo de las drogas.
Un saludo y felicitaciones por el blog.
Publicar un comentario