jueves, 19 de mayo de 2011

Crítica a José Flórez y Antonio Caballero (mis columnistas favoritos)

A pesar de que escribo para una revista económica, donde las cifras son la prioridad, hoy me doy cuenta que los números no son todo. Esta reflexión surgió después de leer la columna de José Flórez, en Semana.com, - http://www.semana.com/opinion/cuentas-macabras-inexactas/154151-3.aspx -. Allí hace un análisis de unos datos citados, en un texto, por Antonio Caballero. Debo acotar que ambos son mis columnistas favoritos, pero esta vez ninguno tiene la razón.

Caballero se haló en las cifras y el error estadísticamente hablando es grave. Pero Flórez demostró insensibilidad pura. Más de 170 000 muertos es una barbaridad en los años que sea. Más grave aún es que ninguno de los dos mencione como victimas a los más de 53 000 refugiados colombianos en Ecuador. Eso sin contar a unos 5 000 que no obtuvieron el estatus de refugio, y no han legalizado su situación.

Según El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), de esas 53 000 personas el 80% ingresó al Ecuador entre el 2003 y el 2010. No hay que ser físico, matemático o científico para entender que fue durante el gobierno de Uribe. Le reto a Flórez para que verifique estos datos y vea si existe inconsistencias. No obstante, ese no es el punto. A lo que quiero llegar es que una sola muerte debería consternarnos, ponernos de luto, hacernos reflexionar. Eso no sucede en Colombia, si la cifra no supera las 20 personas acribilladas, la noticia no vende. Porque las masacres ocurridas en Mapiripan y El Salado fueron más agresivas.

Aún leo a Caballero y a Flórez, pero entre más recorro el camino del periodismo me doy cuenta que ellos están detrás de su laptop o máquina de escribir. Deberían estar en el lugar de los hechos, criticar menos y vivir más la realidad de Colombia. Esa que no se ve en la plaza de Las Ventas en Madrid o en un Iphone 4.

Con este texto les extiendo la invitación a Ecuador, para que sean testigos de la realidad de los colombianos que sufren abusos en ese país. Pero, como dicen los compatriotas, es mejor ser maltratado en una tierra extraña a ser masacrado en la patria.

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