El 22 de junio, en la Cumbre sobre Inseguridad en Centroamérica, dos declaraciones detuvieron mi vida. ¿Alguna vez ha escuchado esa teoría de que la vida se detiene ante sus ojos?, A mí me pasó.
Primero, el presidente de Guatemala, Álvaro Colom dijo que por cada tonelada de cocaína que pasa por Centroamérica se pierde, en promedio, ocho vidas. Esto debido al ajuste de cuentas, infiltrados, policías, etc, quienes terminan involucrados y asesinados. Colom no es la figura política que más respeto, pero aceptar algo así es un primer paso. Sobretodo, porque Guatemala es un país de tránsito para el narcotráfico, donde los ‘narcos’ colombianos y mexicanos se reúnen para negociar y seguramente un tercio de esas muertes, a las que se refiere Colom, se producen allí.
Más adelante habló el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, con ese acento, que denota toda la clase del mundo encerrada en un hombre. Aclaro que no voté por Santos, no me gustaba ni cinco, porque, en apariencia, pertenece a la estirpe del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien cumplió su promesa de debilitar la guerrilla, pero conjuntamente extinguió los derechos humanos.
Para no alargar el cuento, Santos manifestó que, incluso personalidades presentes en esa Cumbre, los altos funcionarios recibían pagos del narcotráfico. Bueno, en ese momento mi vida se detuvo. Esa información es ‘Vox populi’, todos saben que los estamentos políticos, judiciales, etc., reciben los llamados ‘dineros calientes’. Sin embargo, para Uribe esto era un mito. Se negaba a escuchar y acusaba a la prensa por las publicaciones que mencionaban este tema, porque según él, el narcotráfico era un hecho aislado a su gobierno.
Santos demostró que es grande, que está abierto a aceptar la realidad para una lucha real contra el tráfico de estupefacientes. Así que ese paso me llena de satisfacción. Definitivamente no fue una experiencia relacionada con la muerte, pero mi vida se detuvo, porque al fin una declaración honra a las personas asesinadas por denunciar esos nexos, los que Uribe negó durante ocho años.
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