El sicariato deja en evidencia el conflicto de un país. A eso se le suma una sociedad cobarde y ambiciosa, donde unos pagan a terceros para ajustar cuentas como: venganza, envidia, celos, etc. No quiero hablar de lo mal que estamos, porque me molesta mencionar lo obvio. Solo quiero acotar, a propósito del sicariato que se vive últimamente en Ecuador, que esta actividad es más compleja que seguir en moto y disparar. Tengo en la retina una escena de un asesinato. Esto fue en Medellín y yo estaba a unos 100 metros. Un presunto sicario se acercó a un carro y disparó tres veces contra un sujeto. No recuerdo mucho de ese día, porque quedé petrificada. Pero, sí tengo presente la conversación con un experto en criminalística, al que llamaremos Juan, quien llegó al lugar.
-Fue un trabajo limpio, dijo.
-¿Cómo limpio? Hay sangre por todos lados, repliqué.
-Me refiero a que lo realizó un sicario profesional, agregó.
-¿Por qué? Pregunté con terror a la respuesta que iba a darme.
-El primer disparo fue en el brazo para inmovilizar a la víctima. El segundo fue en el corazón para darle un mensaje del ajuste de cuentas y el tercer tiro en la cabeza para concluir el trabajo.
Eso me dejó fría y no pude pronunciar palabra. Él criminalista me dio su mail para que le escribiera si tenía dudas. Cada que un crimen me llama la atención, le escribo a Juan para la respectiva lectura del hecho. No dejé de hacerlo esta vez, cuando dos sicarios dispararon, el 11 de junio, 23 veces contra una pareja de colombianos en Quito. Me dijo que según mi descripción y la de los periódicos, son asesinos profesionales porque los tiros fueron certeros (cabeza, brazos y tronco), pero que tenía un mensaje, además de la muerte, por la cantidad de balas. Es decir, algo atado al crimen organizado.
Me impresiona que el sicariato, además de ser una peste, tenga técnica. Que cada asesinato tenga una huella por el ‘modus operandi’y por el dolor que deja a sus familiares. Porque una cosa es perder a alguien por designios de Dios y muy diferente por la orden y dinero de una persona imperfecta como usted o yo.
martes, 14 de junio de 2011
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