La mayoría de mis ‘posts’ se refieren a lo podrida que está la sociedad por el narcotráfico. Sin embargo, suelo criticar hacia arriba. Es decir, los estados, presidentes, altos funcionarios, policías... que, de una u otra forma, actúan, u omiten, en este multimillonario negocio.
No obstante, jamás escribí desde la base de la pirámide, las discotecas y las calles donde se vende la droga. Como sea es un negocio del que mucha gente come, pero también muere. Igual no he tocado a los consumidores, quienes tienen tanta culpa como el productor, el narco...
Hace unos días visité una discoteca muy concurrida en Quito. Como a la 1 am identifiqué que había un grupo, de 6 personas, que tenía un vuelo más alto que la embriaguez con alcohol. Las risas exageradas, la extra energía, tantos factores que no se dan con una borrachera.
Me acerqué a una de las chicas de ese grupo y me reí un rato con ella. Unos 30 minutos más tarde le comenté, más claro le mentí, que el trago me sentó mal y estaba mareada. Me tomó de la mano y me llevó al tocador del lugar, sin soltarme. Una vez allí hizo una mueca simpática y sacó un ‘papelito’ del bolsillo.
Le hice un gesto de aprobación y me encerré en un baño. Me preguntó si tenía una llave para proceder. Creo que es un código, se refería a si tenía algo para tomar un poco de ese polvo que tenía el 'papelito'. De nuevo mentí –¡Sí! Supongo que era cocaína, no sé si pura, porque jamás me he metido ni un gramo de esa vaina. Fingí limpiarme la nariz y ponerme de muy buen ánimo.
Salí con ella y le pregunté, como quien no quiere la cosa, que me gustaría conseguir una reserva, algo para mí. Respondió que el contacto es muy celoso, pero que ella podría contactarlo si en realidad estaba interesada y tenía la plata en la mano. El precio que me dio por gramo es de USD 10.
En ese momento entendí que el negocio no es de unos cuantos en el mercado. La droga es un bien ‘de necesidad’, ya que según lo desesperado que esté el consumidor paga más, y varías personas, revenden, y ganan en esa cadena.
Mi intensión era averiguar el proceso completo de la comercialización, pero con esa experiencia tuve. Fue muy duro ver que los jóvenes acceden fácil a los estupefacientes, y sin saberlo son los que financian a las mafias latinoamericanas.
No se me ocurre otra solución que la legalización, con educación sobre los riesgos en el consumo.
viernes, 24 de junio de 2011
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2 comentarios:
Estoy totalmente de acuerdo, no hay otra salida que la legalización. Mientras siga siendo ilegal, seguirá siendo un crimen. Como cuando la prohibición del alcohol en EE.UU. El peligro de la droga, más que la adicción, son las mafias que se crean por su ilegalidad.
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